A finales de los 50 mi papá orgulloso fue a visitar a su hijo a Barranquilla. Al domingo en la mañana después de salir de misa de 12, mi hermano parqueo el carro, con la maleta abierta en y empezó una perolata: Quieta Margarita, ya la voy a sacar, decía con frecuencia, mirando a hacia maleta del carro. Mi papá, no sabía donde esconderse, el había viajado a ver a su hijo, pero no imaginaba que fuera vendedor ambulante. Era tanta la gente alrededor del carro, que el alcalde de la ciudad, que había asistido a la misma misa, se acercó y le dijo a mi hermano: Aquí no puede vender nada sin un permiso, y sin darle tiempo a que lo hiciera desalojar; mi hermano le contestó, que él no vendía nada.
Y así entre risas y bromas, mi papá recobró la calma, pero no mi hermano que fue invitado a almorzar con el alcalde y en la medida que tenía éxito en sus bromas, cada día inventaba una más fuerte y pesada.
Haga memoria, hay anécdotas indirectas como la que acabo de relatar, comparta con nosotros recuerdos que le ayudarán a ejercitar la memoria y revivir tiempos pasados. Sonría escribiendo aquí, participe.
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