sábado, 11 de enero de 2014
ya MI DIARIO, EMPIEZA CON HISTORIAS DEL SIGLO PASADO
A mis 75 años, me gusta escribir y pensar que entre mis amigos virtuales están esas personas que no quisieron ser mis amigos durante mi juventud.
Cada historia tiene tanto de dolor como de emoción y las relato con nombres propios, sin apellidos, porque sueño que ellos los que me discriminaron vean que yo no soy esa mala mujer que discriminar. Llorando y recordando mis soledades navideñas, decidí escribir el primer capítulo, de mi diario inédito.
En Mayo de 1968 entré a trabajar a Industrias Nylofil, una empresa en Bogotá, donde pasé mi juventud, mis mejores y también mis mas tristes días. Pero no voy a hacer una narración cronológica, escribiré capítulos de acuerdo a mi estado anímico.
VICTIMA DE MI PROPIO INVENTO
Los dueños de la empresa cambiaron y los trabajadores en una muestra de solidaridad a sus antiguos jefes decidieron sabotear al nuevo gerente. Yo que tenía menos de un mes de trabajar como recepcionista, y con pesar por la guerra que se armó, quise mediar y solicité una entrevista.
Le dí la mano y le dije: bien venido, yo no lloro al gerente que se va, y no me afectan sus medidas, porque soy la primera en llegar, pero tenga cuidado, cómo se le ocurre a usted que el portero pueda devolver al jefe de personal y los ejecutivos el día que lleguen tarde. "Llevo más de un mes aquí y no he podido que lleguen temprano", me dijo. Lo que sea, yo de administración no se; lo que si se, es que usted está poniendo al portero por encima de los ejecutivos; el día que los devuelva a don Alfonso, el jefe de personal, qué va a hacer usted, ya le tiene remplazo? Porque le perderán el respeto, y eso pasará muy pronto, él nunca llega temprano. Estábamos en el escritorio, y don Mauricio encantado conmigo, me mandó pasar a la salita, que tenía al lado de la oficina para clientes especiales. Gracias a mi ignorancia no capté en ese momento, la deferencia. Ya en la salita me preguntó mi curriculum? Esquivé la pregunta, para no decirle que ni siquiera era secretaria: "soy una niña bien", con plata, que me vi obligada a trabajar 1) porque enviudé y 2) porque mi esposo dejó una joyería y gracias a mi formación en: decoración, modistería, bordado y hasta culinaria (en esa época, la muer no iba a la universidad, eso fue después de la liberación femenina, pero esa es otra historia), soy incapaz de manejar mis bienes, pero mi cuñado los maneja y me pasa una mensualidad; si trabajo, es por es porque necesito el trabajo más que cualquiera, pero mi necesidad no es económica sino anímica.
Confiada, segura de mi misma, sentí que estábamos hablando de igual a igual, le dije: pero yo no vine a hablar de mi, vine a hablar de esa pobre gente que trabaja por necesidad.
Con una sonrisa de oreja a oreja, les comenté a mis compañeros que como moscas me rodearon al salir de gerencia: tranquilos no van a tener que marcar tarjeta, ni entrar por la puerta de personal, y lo mejor, el portero no puede devolver a nadie. Don Victor, el contador furioso: "y quien te autorizó, para hablar en nombre nuestro", me dieron la espalda, no me permitieron decir palabra, y continuaron el corrillo en contabilidad. Yo feliz, me sentía como la protagonista de la obra "Bella de día", o algo así, no recuerdo si la estaban presentando en TV o en cine.
A don Mauricio le encantó mi propuesta, cuando vio que era factible controlar la entrada sin degradar a nadie, me dijo, que a partir de la fecha no iba a volver a utilizar a la secretaria de gerencia. Fue un asenso tácito que todo los empleados recibieron indignados, y yo encantada, me sentía como una reina de belleza, puesto que según ellos yo se lo había "ofrecido", al gerente. Cosa que se confirmaba en la medida que recibía ascensos de dinero y cargo.
Lo que ellos nunca vieron fue mi colaboración, por ejemplo el jefe de personal que llegaba siempre tarde, me dijo: "Mija, cubrame la espalda". Yo le contesté, mentiras no digo, pero si le puedo ayudar diciendo que su saco está en la oficina. Molesto me dijo, que eso qué, déjeme explicarle. Aceptó la ayuda y cuando alguien preguntaba si don Alfonso había llegado, yo decía, No me di cuenta, pero miremos en la oficina: "A mire ahí está el saco", decía señalando la percha; debe estar en la planta (un edificio de una manzana sin teléfonos). Don Alfonso quedaba muy bien, pero no yo, puesto que la recepcionista debía llevar el registro de personas que ingresaban a la fábrica. Mis compañeros, que no perdían oportunidad de atacar, me preguntaron, la primera vez: Señora, como que no sabe, usted no lleva el registro de ingresos y salidas de personas "cierto, pero también tengo que ir al baño". (Nadie me remplazaba mientras iba al baño).
Y así fui escalando posiciones y ayudando a mis compañeros, pero nunca lo que hice fue suficiente para ellos, por ejemplo, cuando ascendí a la hermana de Cecilia, me dijo que no se sentía capacitada para desempeñar el puesto. Piénsalo, estoy segura que eres capaz, de momento esta conversación no existió. Estas ascendida. Al lunes siguiente, Cecilia pidió cita con el gerente y llorando le comentó que su hermana no resistió la presión mía y por mi culpa había envenenado. No fue fácil, pero aprendí a moverme en un ambiente de hostilidad, que empezó el día que le di la bienvenida a don Mauricio y salí convertida en una de esas..., además orgullosa y presumida, pues sentía 1) que había hablado de tu a tu con el gerente 2) Ni Marlien Monroe, había hecho una conquista tan rápida. Gracias a mi inconsciencia, y a mi distracción, ni siquiera me enteré de la gravedad de situaciones tan difíciles, como las que tuve que vivir en la fábrica.
LA FAMILIA UNIDA, ABUELAS Y NIETAS TRABAJAN JUNTAS
Me sorprendió esta receta. Es la misma que yo se. Las hojuelas, son deliciosas, yo las doy como pasa-bocas en reuniones, pero nunca he compartido la fórmula porque pensaba es un secreto que viene desde la abuela, por ejemplo, mi mamá acompañaba el arequipe, la natilla y otros platos dulces con hojuelas.
Hay otros usos que prefiero no revelar, porque corresponde a los secretos de la abuela, de mi abuela, porque yo soy de esas personas soñadoras, que piensan que la familia es algo especial, aunque no lo sea, pero es la única familia que se tiene; la que nunca te dará la espalda.
Quiero agradecer a Natalia, la niña que envió el montaje en Power, lástima que no da su apellido. De todos modos es una magnifica colaboración Natalia. Esperamos contarte entre nuestros colaboradores, que a decir verdad son pocos.
Nos podrías ayudar promocionando este sitio http://wtiempolibre.blogspot.com/2014/01/familias-unidas-con-las-recetas-de-la.html entre tus amiguitas y les dices que somos un grupo de adultos en la web que necesita ayuda, mucha ayuda.
Pero no necesitamos dinero, tampoco burlas o compasión porque no sabemos entrar a Internet; con aportes como el tuyo vamos a aprender Internet, no lo dudes. Dios te bendiga Natalia y repito, mil gracias.
JUANES YERBATERO
Juanes recomienda algunas hierbas para el mal de amor.
Yo recuerdo a la abuelita Tulia hablando de hierbas y baños. Eran temas entretenidos e interesantes, puesto que algunos de esos baños eran recomendados para el 31 de diciembre, si se quería tener suerte todo el año.
Qué baños se ha hecho usted o cuáles conoce? Tengo que confesar que soy poco aficionada a los baños, lo que si hago todavía es la vuelta a la manzana o edificio con una maleta. Es entretenido encontrarse con vecinos y amigos corriendo maleta en mano y comentando en medio de risas y abrazos sus planes para viajar a... "Los amarillos", también los use en mi juventud, y los regalé para desear feliz año, sentía que el regalo expresaba el mensaje mejor que yo.
La tradición de comer 12 uvas, inició en 190?, cuando los agricultores de Murcia y Alicante, movieron a los habitantes españoles a comerlas y evitaron que el excedente de producción se dañara.
Y del martes 13 usted que sabe? Yo no soy agüerista, pero no paso debajo de una escalera, ni me miro en un espejo roto.
Temas que aunque parezcan primitivos y frívolos se conservan y todavía venden, sino me cree pregúntele a Juanes.
UN MENSAJE PARA TI
2014 EL AÑO DE LA ACTUALIZACIÓN
Hoy a mis 75 años, me defiendo en Internet y entiendo algo de informática. En este blog, trato de mostrarle a los adultos mayores las ventajas de actualizarse y aprender la nueva tecnología.
Me duele ver el mal que nos hacemos los adultos cuando menospreciamos nuestra capacidad, haciéndole creer a las nuevas generaciones que somos unos viejos incapaces de aprender. Se necesita un poco de concentración para aprender, cierto; las palabras desconocidas que llegaron con la tecnología, dificultan un poco el aprendizaje, cierto; pero hay que buscar la forma de actualizarse, el mundo cambió y seguirá su ritmo dejando atrás a todo el que no se actualice.
Abrimos este blog, para enseñar informática gratis, y con un lenguaje sencillo, tratamos de ayudar al adulto mayor a actualizarse; lo único que necesita es voluntad.
Abrimos este blog, para enseñar informática gratis, y con un lenguaje sencillo, tratamos de ayudar al adulto mayor a actualizarse; lo único que necesita es voluntad.
Tratando de mover las fibras del lector, con frecuencia publico avisos y hago preguntas como las del vídeo: Si levantó a sus polluelos y les enseñó a volar, para qué lo hizo? para disfrutar con ellos de sus triunfos, o para avergonzarlos porque usted es analfabeta.
Cuando hay un patrón a seguir, es más fácil entender muchas cosas, pero los niños de hoy están recibiendo una información equivocada: sus abuelos son viejitos que no saben nada de nada. Yo aún cuento con orgullo las anécdotas de mis abuelos y quisiera mover al adulto mayor a copiar ese modelo, por ejemplo, al iniciar el siglo 20, muchas personas no sabían leer, (me lo contaba la abuela), ni les hacía falta, pero cuando los esclavos libertos empezaron a aprender, las niñas bien (mi abuela entre ellas), sintieron que tenían que aprender.
El modernismo y la nueva tecnología llegó también en el siglo pasado, y los diarios informaban adelantos como:
-El termometro
-El avión
-La locomotora
-La Coca-Cola
-La Leche pasteurizada
-L aspirina
Hoy la situación es más crítica, el mundo necesita del adulto mayor, puesto que las madres jóvenes tienen que trabajar y dejan sus hijos en manos de la encargada del servicio que además tiene que hacer el oficio de la casa y no tiene tiempo para prestarle la atención necesaria al niño, que pasa días enteros frente a un televisor y el Internet que nada bueno le aportan.
Los adultos de hoy, ni siquiera sospechamos la labor que tan importante que podríamos desempeñar si nos actualizamos, nuestra época mientras estemos vivos, es ésta, lo repito con frecuencia, porque me molesta cuando escucho decir que el adulto es el pasado, personalmente soy el presente, sueño con formar un clan, un grupo de personas que quiera servir a la sociedad; la sociedad nos necesita, como necesita sus viejos el Japón.
Miro con envidia el renacer del Japón, un país que después de la segunda guerra quedó destruido. Un país mas chico que el nuestro, y digo nuestro porque Japón es más chico que muchos países suramericanos, y si usted es adulto, seguramente recuerda que cuando llegó la televisión a principios de los 50, veíamos al Japón como un país destruido, mientras nosotros que no sufrimos las consecuencias de la guerra, lo teníamos todo.
Lo invito a mirar el cambio de ese país, por ejemplo: Tokio figura entre las ciudades más costosas del mundo, es un cambio digno de estudiar y tratar de superar, porque el Japón no tiene los recursos naturales que tenemos en América Latina, sin embargo exporta más que nosotros; y mientras en América el trabajador promedio, cada día tiene que reducir la canasta familiar, en Japón el tipo promedio sube de status.
El día que el adulto latinoamericano decida organizarse y prestar sus servicios, ya sea por dinero o formando un voluntariado ciudadano, como el propuesto por quien escribe en este blog, que sueña con formar grupo: 1) para ganar el respeto ciudadano, 2) reconquistar una posición en la sociedad y 3) lo más importante acabar con la vida monótona y el estrés.
Es común escuchar a los adultos comentando con algo de tristeza, que en Japón los adultos mayores son respetados y escuchados, cierto, ellos se ganaron el respeto, son los poseedores de la experiencia y la sabiduría, pero los latinos, diciendo que no sabemos Internet, que le tenemos miedo a la nueva tecnología, un celular apenas si lo usamos, le estamos dando al niño la imagen de viejitos obsoletos. Qué va a pasar en unos 10 años, con las personas que no se actualicen?
3. TAN BONDADOSA LA CECILIA
Un lunes, apenas timbró la tarjeta, la aseadora de la fábrica donde yo trabajaba, recibió una llamada, a su hija de 5 años la había atropellado un taxi. El taxista la llevó al hospital militar, eran tiempos en que el SS no cubría accidentes.
No recuerdo el monto, pero cuando dieron de alta a la niña, Aminta me pidió un préstamo para pagar los gastos hospitalarios, que con su sueldo "el mínimo" duraría unos 100 años pagando. El chofer que la atropeyó, la llevó al hospital y desapareció.
Los corrillos no se hicieron esperar, tampoco la persona bondadosa que inició una colecta para pagar los gastos. Yo hable con la desesperada madre y le expliqué: la colecta que están haciendo los compañeros, no va a alcanzar, son muy pocos y la suma es muy elevada. Yo no aporté nada.
En secreto inicié con Aminta la búsqueda de soluciones: Le di la tarde libre y se fue al programa de TV de Carlos Pinzón, un programa de ayuda a la comunidad, tampoco recuerdo el nombre, pero le dijeron que debía inscribirse y esperar la visita de los trabajadores sociales que después de verificar la información, la pondrían en lista. Imposible, la cuenta del Hospital Militar seguía corriendo.
La situación era desesperada, en el hospital le prohibieron la entrada a la mamá, que continuaba trabajando y llorando, mientras Cecilia la persona que organizó la colecta en la fabrica pidió una cita con el gerente, para comentarle el caso y explicarle que debido a mi insensibilidad no había querido estudiar el préstamo.
La presión en la oficina era terrible, qué hacer; la niña empezó a desesperarse, y también Aminta, que hasta entonces había estado calmada, gracias a mi consejo: Déjela en el hospital y la visita todos los días: La niña va a estar más segura que en su pieza, oscura, donde no tiene quien la cuide. Aminta no pudo ver a la niña ese martes y sin el apoyo de un abogado, o por mi desconocimiento de la ley en ese momento, no penamos en entablar un proceso por secuestro.
El caso era desesperado, y la única solución que encontré: dígale a la niña que se moje la cama. Mal consejo; una enfermera que le pegó a la niña por cochina y la amenazó. Violando leyes y sin la más mínima muestra de humanidad maltrataban a la niña, que le pedía a gritos a su mamá que por favor, por favor la llevara a casa.
No habían celulares, y yo necesitaba hablar con la niña, pero el trabajo tan arduo en la fábrica me impedía distraer unos minutos. Eran tiempos difíciles, en que la mujer que llegaba a un cargo alto, debía soportar la presión de los compañeros, que sentían que los cargos directivos les pertenecían, y las compañeras, pensaban que por antigüedad tenían más derecho a un ascenso. Cualquier cosa que yo hiciera era motivo de crítica y en ocasiones de queja al gerente, que por lo regular respaldaba mis decisiones, como en el caso del préstamo.
Aminta; dígale a la niña que no utilice bacenilla para nada y nada es nada, que haga todas sus necesidades en la cama, y veremos quien gana. Que pena, la niña no puede hacer eso, ella va a cumplir 6 años. Aminta entendió la situación y convenció a la niña que con algo de picardia entendió el juego.
Antes de una semana, la aseadora, preocupada había firmado un pagaré en el que empeñaba su sueldo mínimo, por más de 100 años, pues los gastos subieron durante el tiempo que retuvieron a la niña en el hospital. Esa parte si la entendió Aminta, que firmó sin miedo el pagaré; No la pueden embargar, le dije, usted gana el mínimo y no es embargable.
Cecilia organizó grupos para visitar a la niña diariamente, que ansiosa esperaba la visita, puesto que con los fondos recogidos le llevaban frutas y golosinas que mantenían a la niña feliz, pero no a su mamá, que llorando me comentó que no podía caminar.
Una fractura en la pierna, no es para tanto y consulté con un médico amigo que confirmó mis dudas: quizás le duela, pero debe caminar. Comuníqueme con la niña, le dije a Aminta, que cargada la llevó hasta el teléfono de la esquina, porque eran épocas en que no existía el celular y tampoco había teléfono en las viviendas pobres.
Por teléfono hicimos un trato, si la niña venía caminando hasta mi oficina, yo le regalaría un vestido de gitana; largo hasta los pies, me preguntó la niña. La fecha pactada llegó y la niña cojeando y sonriendo como los ángeles cruzó el umbral de mi oficina. Déspota, y con voz autoritaria le dije: Lástima, ese vestido tan lindo y largo hasta los pies, con esos zapatos rotos. Yo te regalaría unos zapatos nuevos, pero sino cojearas. Eran las 10 am, del sábado, e hicimos un trato, ella iba a entrenar y si lograba entrar caminando derecha a mi oficina antes de las 12, hora en que yo salía, se ganaría los zapatos nuevos para lucir el vestido largo hasta los pies.
La niña me engañó, antes de las 12 entro a mi oficina, cojeando muy poco, tanto que no me dí cuenta y ella se ganó los zapatos. Mis compañeros, en corrillos criticaban, "si le va a regalar los zapatos para qué la atormenta". Cualquier cosa que yo hiciera, era un error. La mujer sentía que era una humillación recibir órdenes de una compañera de trabajo, hubo algunas que nunca aceptaron mi ascenso.
Fue duro, pero hice cosas que me llenaron el alma como el vestido de gitana largo hasta los pies y todavía hoy a mis 75 años, disfruto recordando y sonriendo "qué tiempos aquellos".
Lástima que no supe el final de la "gitana", me retiré de la empresa, y años después cuando encontré amigos en la web, les pregunté, recuerdan a la aseadora Aminta? Sí, me han contestado, sabemos el barrio donde vivía, pero nada de la niña, y pienso que si este blog llega a tener éxito, iniciaré una campaña para buscar a la niña.
Si tiene una historia publíquela aquí, comparta con sus amigos virtuales lo que hizo o lo que dejó de hacer. Ejercite su mente recordando y haga sonreír a un adulto mayor.
No recuerdo el monto, pero cuando dieron de alta a la niña, Aminta me pidió un préstamo para pagar los gastos hospitalarios, que con su sueldo "el mínimo" duraría unos 100 años pagando. El chofer que la atropeyó, la llevó al hospital y desapareció.
Los corrillos no se hicieron esperar, tampoco la persona bondadosa que inició una colecta para pagar los gastos. Yo hable con la desesperada madre y le expliqué: la colecta que están haciendo los compañeros, no va a alcanzar, son muy pocos y la suma es muy elevada. Yo no aporté nada.
En secreto inicié con Aminta la búsqueda de soluciones: Le di la tarde libre y se fue al programa de TV de Carlos Pinzón, un programa de ayuda a la comunidad, tampoco recuerdo el nombre, pero le dijeron que debía inscribirse y esperar la visita de los trabajadores sociales que después de verificar la información, la pondrían en lista. Imposible, la cuenta del Hospital Militar seguía corriendo.
La situación era desesperada, en el hospital le prohibieron la entrada a la mamá, que continuaba trabajando y llorando, mientras Cecilia la persona que organizó la colecta en la fabrica pidió una cita con el gerente, para comentarle el caso y explicarle que debido a mi insensibilidad no había querido estudiar el préstamo.
La presión en la oficina era terrible, qué hacer; la niña empezó a desesperarse, y también Aminta, que hasta entonces había estado calmada, gracias a mi consejo: Déjela en el hospital y la visita todos los días: La niña va a estar más segura que en su pieza, oscura, donde no tiene quien la cuide. Aminta no pudo ver a la niña ese martes y sin el apoyo de un abogado, o por mi desconocimiento de la ley en ese momento, no penamos en entablar un proceso por secuestro.
El caso era desesperado, y la única solución que encontré: dígale a la niña que se moje la cama. Mal consejo; una enfermera que le pegó a la niña por cochina y la amenazó. Violando leyes y sin la más mínima muestra de humanidad maltrataban a la niña, que le pedía a gritos a su mamá que por favor, por favor la llevara a casa.
No habían celulares, y yo necesitaba hablar con la niña, pero el trabajo tan arduo en la fábrica me impedía distraer unos minutos. Eran tiempos difíciles, en que la mujer que llegaba a un cargo alto, debía soportar la presión de los compañeros, que sentían que los cargos directivos les pertenecían, y las compañeras, pensaban que por antigüedad tenían más derecho a un ascenso. Cualquier cosa que yo hiciera era motivo de crítica y en ocasiones de queja al gerente, que por lo regular respaldaba mis decisiones, como en el caso del préstamo.
Aminta; dígale a la niña que no utilice bacenilla para nada y nada es nada, que haga todas sus necesidades en la cama, y veremos quien gana. Que pena, la niña no puede hacer eso, ella va a cumplir 6 años. Aminta entendió la situación y convenció a la niña que con algo de picardia entendió el juego.
Antes de una semana, la aseadora, preocupada había firmado un pagaré en el que empeñaba su sueldo mínimo, por más de 100 años, pues los gastos subieron durante el tiempo que retuvieron a la niña en el hospital. Esa parte si la entendió Aminta, que firmó sin miedo el pagaré; No la pueden embargar, le dije, usted gana el mínimo y no es embargable.
Cecilia organizó grupos para visitar a la niña diariamente, que ansiosa esperaba la visita, puesto que con los fondos recogidos le llevaban frutas y golosinas que mantenían a la niña feliz, pero no a su mamá, que llorando me comentó que no podía caminar.
Una fractura en la pierna, no es para tanto y consulté con un médico amigo que confirmó mis dudas: quizás le duela, pero debe caminar. Comuníqueme con la niña, le dije a Aminta, que cargada la llevó hasta el teléfono de la esquina, porque eran épocas en que no existía el celular y tampoco había teléfono en las viviendas pobres.
Por teléfono hicimos un trato, si la niña venía caminando hasta mi oficina, yo le regalaría un vestido de gitana; largo hasta los pies, me preguntó la niña. La fecha pactada llegó y la niña cojeando y sonriendo como los ángeles cruzó el umbral de mi oficina. Déspota, y con voz autoritaria le dije: Lástima, ese vestido tan lindo y largo hasta los pies, con esos zapatos rotos. Yo te regalaría unos zapatos nuevos, pero sino cojearas. Eran las 10 am, del sábado, e hicimos un trato, ella iba a entrenar y si lograba entrar caminando derecha a mi oficina antes de las 12, hora en que yo salía, se ganaría los zapatos nuevos para lucir el vestido largo hasta los pies.
La niña me engañó, antes de las 12 entro a mi oficina, cojeando muy poco, tanto que no me dí cuenta y ella se ganó los zapatos. Mis compañeros, en corrillos criticaban, "si le va a regalar los zapatos para qué la atormenta". Cualquier cosa que yo hiciera, era un error. La mujer sentía que era una humillación recibir órdenes de una compañera de trabajo, hubo algunas que nunca aceptaron mi ascenso.
Fue duro, pero hice cosas que me llenaron el alma como el vestido de gitana largo hasta los pies y todavía hoy a mis 75 años, disfruto recordando y sonriendo "qué tiempos aquellos".
Lástima que no supe el final de la "gitana", me retiré de la empresa, y años después cuando encontré amigos en la web, les pregunté, recuerdan a la aseadora Aminta? Sí, me han contestado, sabemos el barrio donde vivía, pero nada de la niña, y pienso que si este blog llega a tener éxito, iniciaré una campaña para buscar a la niña.
Si tiene una historia publíquela aquí, comparta con sus amigos virtuales lo que hizo o lo que dejó de hacer. Ejercite su mente recordando y haga sonreír a un adulto mayor.
3 ya. QUIETA MRGARITA
Quieta Margrita fue una novela presentada en la televisión colombiana, protagonizada por Arango, no recuerdo el nombre del actor, que tuvo tanto éxito que en los años 80 hicieron una segunda serie.
A finales de los 50 mi papá orgulloso fue a visitar a su hijo a Barranquilla. Al domingo en la mañana después de salir de misa de 12, mi hermano parqueo el carro, con la maleta abierta en y empezó una perolata: Quieta Margarita, ya la voy a sacar, decía con frecuencia, mirando a hacia maleta del carro. Mi papá, no sabía donde esconderse, el había viajado a ver a su hijo, pero no imaginaba que fuera vendedor ambulante. Era tanta la gente alrededor del carro, que el alcalde de la ciudad, que había asistido a la misma misa, se acercó y le dijo a mi hermano: Aquí no puede vender nada sin un permiso, y sin darle tiempo a que lo hiciera desalojar; mi hermano le contestó, que él no vendía nada.
Y así entre risas y bromas, mi papá recobró la calma, pero no mi hermano que fue invitado a almorzar con el alcalde y en la medida que tenía éxito en sus bromas, cada día inventaba una más fuerte y pesada.
Haga memoria, hay anécdotas indirectas como la que acabo de relatar, comparta con nosotros recuerdos que le ayudarán a ejercitar la memoria y revivir tiempos pasados. Sonría escribiendo aquí, participe.
A finales de los 50 mi papá orgulloso fue a visitar a su hijo a Barranquilla. Al domingo en la mañana después de salir de misa de 12, mi hermano parqueo el carro, con la maleta abierta en y empezó una perolata: Quieta Margarita, ya la voy a sacar, decía con frecuencia, mirando a hacia maleta del carro. Mi papá, no sabía donde esconderse, el había viajado a ver a su hijo, pero no imaginaba que fuera vendedor ambulante. Era tanta la gente alrededor del carro, que el alcalde de la ciudad, que había asistido a la misma misa, se acercó y le dijo a mi hermano: Aquí no puede vender nada sin un permiso, y sin darle tiempo a que lo hiciera desalojar; mi hermano le contestó, que él no vendía nada.
Y así entre risas y bromas, mi papá recobró la calma, pero no mi hermano que fue invitado a almorzar con el alcalde y en la medida que tenía éxito en sus bromas, cada día inventaba una más fuerte y pesada.
Haga memoria, hay anécdotas indirectas como la que acabo de relatar, comparta con nosotros recuerdos que le ayudarán a ejercitar la memoria y revivir tiempos pasados. Sonría escribiendo aquí, participe.
3. ya NO TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR
Un lunes, apenas timbró la tarjeta, la aseadora de la fábrica donde yo trabajaba, recibió una llamada, a su hija de 5 años la había atropellado un taxi. El taxista la llevó al hospital militar, eran tiempos en que el SS no cubría accidentes.
No recuerdo el monto, pero cuando dieron de alta a la niña, Aminta me pidió un préstamo para pagar los gastos hospitalarios, que con su sueldo "el mínimo" duraría unos 100 años pagando. El chofer que la atropeyó, la llevó al hospital y desapareció.
Los corrillos no se hicieron esperar, tampoco la persona bondadosa que inició una colecta para pagar los gastos. Yo hable con la desesperada madre y le expliqué: la colecta que están haciendo los compañeros, no va a alcanzar, son muy pocos y la suma es muy elevada. Yo no aporté nada.
En secreto inicié con Aminta la búsqueda de soluciones: Le di la tarde libre y se fue al programa de TV de Carlos Pinzón, un programa de ayuda a la comunidad, tampoco recuerdo el nombre, pero le dijeron que debía inscribirse y esperar la visita de los trabajadores sociales que después de verificar la información, la pondrían en lista. Imposible, la cuenta del Hospital Militar seguía corriendo.
La situación era desesperada, en el hospital le prohibieron la entrada a la mamá, que continuaba trabajando y llorando, mientras Cecilia la persona que organizó la colecta en la fabrica pidió una cita con el gerente, para comentarle el caso y explicarle que debido a mi insensibilidad no había querido estudiar el préstamo.
La presión en la oficina era terrible, qué hacer; la niña empezó a desesperarse, y también Aminta, que hasta entonces había estado calmada, gracias a mi consejo: Déjela en el hospital y la visita todos los días: La niña va a estar más segura que en su pieza, oscura, donde no tiene quien la cuide. Aminta no pudo ver a la niña ese martes y sin el apoyo de un abogado, o por mi desconocimiento de la ley en ese momento, no penamos en entablar un proceso por secuestro.
El caso era desesperado, y la única solución que encontré: dígale a la niña que se moje la cama. Mal consejo; una enfermera que le pegó a la niña por cochina y la amenazó. Violando leyes y sin la más mínima muestra de humanidad maltrataban a la niña, que le pedía a gritos a su mamá que por favor, por favor la llevara a casa.
No habían celulares, y yo necesitaba hablar con la niña, pero el trabajo tan arduo en la fábrica me impedía distraer unos minutos. Eran tiempos difíciles, en que la mujer que llegaba a un cargo alto, debía soportar la presión de los compañeros, que sentían que los cargos directivos les pertenecían, y las compañeras, pensaban que por antigüedad tenían más derecho a un ascenso. Cualquier cosa que yo hiciera era motivo de crítica y en ocasiones de queja al gerente, que por lo regular respaldaba mis decisiones, como en el caso del préstamo.
Aminta; dígale a la niña que no utilice bacenilla para nada y nada es nada, que haga todas sus necesidades en la cama, y veremos quien gana. Que pena, la niña no puede hacer eso, ella va a cumplir 6 años. Aminta entendió la situación y convenció a la niña que con algo de picardia entendió el juego.
Antes de una semana, la aseadora, preocupada había firmado un pagaré en el que empeñaba su sueldo mínimo, por más de 100 años, pues los gastos subieron durante el tiempo que retuvieron a la niña en el hospital. Esa parte si la entendió Aminta, que firmó sin miedo el pagaré; No la pueden embargar, le dije, usted gana el mínimo y no es embargable.
Cecilia organizó grupos para visitar a la niña diariamente, que ansiosa esperaba la visita, puesto que con los fondos recogidos le llevaban frutas y golosinas que mantenían a la niña feliz, pero no a su mamá, que llorando me comentó que no podía caminar.
Una fractura en la pierna, no es para tanto y consulté con un médico amigo que confirmó mis dudas: quizás le duela, pero debe caminar. Comuníqueme con la niña, le dije a Aminta, que cargada la llevó hasta el teléfono de la esquina, porque eran épocas en que no existía el celular y tampoco había teléfono en las viviendas pobres.
Por teléfono hicimos un trato, si la niña venía caminando hasta mi oficina, yo le regalaría un vestido de gitana; largo hasta los pies, me preguntó la niña. La fecha pactada llegó y la niña cojeando y sonriendo como los ángeles cruzó el umbral de mi oficina. Déspota, y con voz autoritaria le dije: Lástima, ese vestido tan lindo y largo hasta los pies, con esos zapatos rotos. Yo te regalaría unos zapatos nuevos, pero sino cojearas. Eran las 10 am, del sábado, e hicimos un trato, ella iba a entrenar y si lograba entrar caminando derecha a mi oficina antes de las 12, hora en que yo salía, se ganaría los zapatos nuevos para lucir el vestido largo hasta los pies.
La niña me engañó, antes de las 12 entro a mi oficina, cojeando muy poco, tanto que no me dí cuenta y ella se ganó los zapatos. Mis compañeros, en corrillos criticaban, "si le va a regalar los zapatos para qué la atormenta". Cualquier cosa que yo hiciera, era un error. La mujer sentía que era una humillación recibir órdenes de una compañera de trabajo, hubo algunas que nunca aceptaron mi ascenso.
Fue duro, pero hice cosas que me llenaron el alma como el vestido de gitana largo hasta los pies y todavía hoy a mis 75 años, disfruto recordando y sonriendo "qué tiempos aquellos".
Si tiene una historia, publíquela aquí, comparta con sus amigos virtuales lo que hizo o lo que dejó de hacer. Haga sonreír a un viejo.
No recuerdo el monto, pero cuando dieron de alta a la niña, Aminta me pidió un préstamo para pagar los gastos hospitalarios, que con su sueldo "el mínimo" duraría unos 100 años pagando. El chofer que la atropeyó, la llevó al hospital y desapareció.
Los corrillos no se hicieron esperar, tampoco la persona bondadosa que inició una colecta para pagar los gastos. Yo hable con la desesperada madre y le expliqué: la colecta que están haciendo los compañeros, no va a alcanzar, son muy pocos y la suma es muy elevada. Yo no aporté nada.
En secreto inicié con Aminta la búsqueda de soluciones: Le di la tarde libre y se fue al programa de TV de Carlos Pinzón, un programa de ayuda a la comunidad, tampoco recuerdo el nombre, pero le dijeron que debía inscribirse y esperar la visita de los trabajadores sociales que después de verificar la información, la pondrían en lista. Imposible, la cuenta del Hospital Militar seguía corriendo.
La situación era desesperada, en el hospital le prohibieron la entrada a la mamá, que continuaba trabajando y llorando, mientras Cecilia la persona que organizó la colecta en la fabrica pidió una cita con el gerente, para comentarle el caso y explicarle que debido a mi insensibilidad no había querido estudiar el préstamo.
La presión en la oficina era terrible, qué hacer; la niña empezó a desesperarse, y también Aminta, que hasta entonces había estado calmada, gracias a mi consejo: Déjela en el hospital y la visita todos los días: La niña va a estar más segura que en su pieza, oscura, donde no tiene quien la cuide. Aminta no pudo ver a la niña ese martes y sin el apoyo de un abogado, o por mi desconocimiento de la ley en ese momento, no penamos en entablar un proceso por secuestro.
El caso era desesperado, y la única solución que encontré: dígale a la niña que se moje la cama. Mal consejo; una enfermera que le pegó a la niña por cochina y la amenazó. Violando leyes y sin la más mínima muestra de humanidad maltrataban a la niña, que le pedía a gritos a su mamá que por favor, por favor la llevara a casa.
No habían celulares, y yo necesitaba hablar con la niña, pero el trabajo tan arduo en la fábrica me impedía distraer unos minutos. Eran tiempos difíciles, en que la mujer que llegaba a un cargo alto, debía soportar la presión de los compañeros, que sentían que los cargos directivos les pertenecían, y las compañeras, pensaban que por antigüedad tenían más derecho a un ascenso. Cualquier cosa que yo hiciera era motivo de crítica y en ocasiones de queja al gerente, que por lo regular respaldaba mis decisiones, como en el caso del préstamo.
Aminta; dígale a la niña que no utilice bacenilla para nada y nada es nada, que haga todas sus necesidades en la cama, y veremos quien gana. Que pena, la niña no puede hacer eso, ella va a cumplir 6 años. Aminta entendió la situación y convenció a la niña que con algo de picardia entendió el juego.
Antes de una semana, la aseadora, preocupada había firmado un pagaré en el que empeñaba su sueldo mínimo, por más de 100 años, pues los gastos subieron durante el tiempo que retuvieron a la niña en el hospital. Esa parte si la entendió Aminta, que firmó sin miedo el pagaré; No la pueden embargar, le dije, usted gana el mínimo y no es embargable.
Cecilia organizó grupos para visitar a la niña diariamente, que ansiosa esperaba la visita, puesto que con los fondos recogidos le llevaban frutas y golosinas que mantenían a la niña feliz, pero no a su mamá, que llorando me comentó que no podía caminar.
Una fractura en la pierna, no es para tanto y consulté con un médico amigo que confirmó mis dudas: quizás le duela, pero debe caminar. Comuníqueme con la niña, le dije a Aminta, que cargada la llevó hasta el teléfono de la esquina, porque eran épocas en que no existía el celular y tampoco había teléfono en las viviendas pobres.
Por teléfono hicimos un trato, si la niña venía caminando hasta mi oficina, yo le regalaría un vestido de gitana; largo hasta los pies, me preguntó la niña. La fecha pactada llegó y la niña cojeando y sonriendo como los ángeles cruzó el umbral de mi oficina. Déspota, y con voz autoritaria le dije: Lástima, ese vestido tan lindo y largo hasta los pies, con esos zapatos rotos. Yo te regalaría unos zapatos nuevos, pero sino cojearas. Eran las 10 am, del sábado, e hicimos un trato, ella iba a entrenar y si lograba entrar caminando derecha a mi oficina antes de las 12, hora en que yo salía, se ganaría los zapatos nuevos para lucir el vestido largo hasta los pies.
La niña me engañó, antes de las 12 entro a mi oficina, cojeando muy poco, tanto que no me dí cuenta y ella se ganó los zapatos. Mis compañeros, en corrillos criticaban, "si le va a regalar los zapatos para qué la atormenta". Cualquier cosa que yo hiciera, era un error. La mujer sentía que era una humillación recibir órdenes de una compañera de trabajo, hubo algunas que nunca aceptaron mi ascenso.
Fue duro, pero hice cosas que me llenaron el alma como el vestido de gitana largo hasta los pies y todavía hoy a mis 75 años, disfruto recordando y sonriendo "qué tiempos aquellos".
Si tiene una historia, publíquela aquí, comparta con sus amigos virtuales lo que hizo o lo que dejó de hacer. Haga sonreír a un viejo.
2. CULTIVOS HIDROPÓNICOS - UN HOBBY PRODUCTIVO
COMENTARIO
Lástima, que el señor que nos envió este vídeo no dice su nombre, se identifica como "un pensionado, alegre y feliz".
En la segunda parte del vídeo, muestra un cultivo hidropónico y da consejos a personas que viven en espacios pequeños para que inicien su propio cultivo, su pasatiempo, su mejor calidad de vida, y mucho más dice el señor que es bastante expresivo. (Publicaremos este vídeo en anécdotas y también en negocios).
Nos encanta la idea de los cultivos hidropónicos para personas desempleadas, explica el señor: que en muy poco tiempo pueden estar produciendo y conseguir algún dinero, o si prefieren pueden aliviar un poco el bolsillo, consumiendo hortalizas de sus cultivos.
"La huerta casera", como llama el señor un rinconcito de su garaje donde tiene el cultivo, es la solución: Sino tiene mucho dinero para ir a espectáculos, diviértase observando el crecimiento de pequeñas semillas que convertidas en flores alegran el paisaje y el bolsillo.
En pocos días va a encontrar aquí un enlace para ver el vídeo de plantas medicinales. (haga clic aquí) Pendiente de subir
3. ya ANECDOTA DE JOVEN FRIVOLA
EL CUIDADO DEL CUERPO
Todos hemos aprendido la importancia de cuidar el cuerpo, pero pocos sabemos sobre la importancia de cuidar la mente, que es el motor que mueve el cuerpo.
Esta foto fue tomada durante una de mis vacaciones en Cartagena la Heróica.
Aunque estuviera de paseo, en mi juventud nunca dejé de hacer los ejercicios matinales, que sabía ayudan a mantener el cuerpo. En Cartagena por ejemplo, aprovechaba para hacerlos caminando por la playa y esperar el regreso de los pescadores que se habían convertido en mis amigos. Hablábamos del cuidado de las canoas, las redes y también del status; porque entre el gremio hay categorías, los mejores por ejemplo, se distinguen de los que no saben técnicas y pescan por la ayuda de Dios, lo que cae en la red.
También hablábamos de las alegrías y tristezas del pescador que ilusionado, en la madrugada sale a pescar y lo triste del regreso, de esos días cuando la pesca es nula; gracias a turistas inconscientes que con botellas y desperdicios contaminan "la mar", como decía ese poeta ex-gobernador de San Andrés, enamorado de la isla Simón González.
Y volviendo a la anécdota, una tarde, paseando con mi mamá, encontramos a mi amigo el pescador y mi mamá feliz, le pidió que posara conmigo para una foto. "No mamiii", le dije en todos los tonos, casi le supliqué, pero ella insistió y ya vio la foto.
También hablábamos de las alegrías y tristezas del pescador que ilusionado, en la madrugada sale a pescar y lo triste del regreso, de esos días cuando la pesca es nula; gracias a turistas inconscientes que con botellas y desperdicios contaminan "la mar", como decía ese poeta ex-gobernador de San Andrés, enamorado de la isla Simón González.
Y volviendo a la anécdota, una tarde, paseando con mi mamá, encontramos a mi amigo el pescador y mi mamá feliz, le pidió que posara conmigo para una foto. "No mamiii", le dije en todos los tonos, casi le supliqué, pero ella insistió y ya vio la foto.
No la rompí, pero tampoco le encontré espacio en el albúm. Era una foto vergonzosa y usted qué opina amigo lector? Mire bien, ya se pillo el detalle. Haber le ayudo; yo joven, soñadora y bien vestida al lado de... un pescador sin zapatos.
Joven frívola y tonta preocupada por minucias como ésta, nunca vi las cosas realmente importantes, pero ocurrió como un milagro y sin darme cuenta empecé a ver la belleza de la vida, de los pies que además es evocada en una parábola bíblica que dice algo así: "se quejaba por no tener zapatos hasta que paso a mi lado, alguien que no tenía pies".
Desperdicié media vida preocupada por frivolidades, hasta que decidí agregar ejercicios mentales a mis rutinas corporales. Ahora valoro mejor el tiempo y quisiera invitarlo a usted amigo lector a hacer lo mismo, a aprovechar mejor el tiempo. "El tiempo es oro" dice una máxima, pero no es cierto, el oro se puede comprar y hasta recuperar, el tiempo no.
3. ya INGENIERO ANALFABETA EN ASUNTOS DE INTERNET
INTRODUCCIÓN
La siguiente historia, para mostrarle al adulto mayor que el Internet es cuestión de práctica. Profesionales como los de la presente anécdota también tienen que preguntar, pero no porque el Internet sea difícil. Nos pasa a todos, en ocasiones no logramos entender instrucciones sencillas; la diferencia es que el joven, piensa, guarda la información y en la siguiente oportunidad no tiene que preguntar, mientras el adulto se desespera y pensando en lo difícil que es el Internet, no presta atención y no aprende lo que explican.
La historia. En días pasados tuve oportunidad de asistir a una reunión de ingenieros y arquitectos, que semanalmente se reúne para hablar de actualidad y pasar un rato agradable, en una de las residencias de tan prestantes profesionales.
Encantada acepté la invitación, que parecía más bien una reunión técnica: mientras miraban fotos y planos, hablaban de: la presa, la capacidad, es una obra maestra... No memorice un solo nombre, lo de presa y capacidad creo haberlo soñado, pero no estoy segura, la reunión que repito, fue muy aburrida, al menos para mi que lo único que hice fue evitar todo el tiempo cabecearme, o dormirme como se dice en buen español.
Este grupo de profesionales orgullosos de lo que saben, terminó la discusión diciendo: ingeniero mata arquitecto o viceversa, porque no se pusieron de acuerdo en algo, que por lo técnico, repito no entendí.
Ya en la casa, el doctor Pablo, llamó a su hijo de 11 años y le preguntó:
-Martín, para escribir un comentario en Internet me pregunta el perfil, qué es eso. Pues tu perfil, contestó el pequeño y se alejó.
-Llamó luego a Paola, su pequeña hija y le preguntó, donde puedo escribir mi perfil. La niña se acercó y le mostró en esta pestaña.
Yo, la autora de este blog, voy a aprovechar esta anécdota para mostrarle lo simple que es el Internet; la dificultad está en la falta de lógica.
Observe en la imagen de la izquierda, la flechita que mira hacia abajo, al lado de Ofelia Alvarez, al hacer clic encima, se abrió la pestaña que aparece a la derecha. Donde dice seleccionar perfil. Sigue siendo difícil seleccionar perfil, pero si presta atención, se dará cuenta que la dificultad no está en el Internet, sino en el vocabulario y es donde el aprendiz falla, porque el desconocimiento de éste, dificulta la comprensión de instrucciones.
Y continuando con la anécdota,
-Mi querido profesional, le dije: parece que el Internet no es tu fuerte.
-Noooo, estás en un error, yo conozco perfectamente el Internet; si le pregunto a los niños es para tener tema de conversación. No me gusta que pasen tanto tiempo frente al computador, porque el computador embrutece.
Sin embargo, la niña tuvo que repetir la instrucción varias veces y le explicó que en perfil, debía colocar su e-mail. Según entendí, el email, ayuda a identificar la persona que hace una publicación. Lo que me dio la impresión 1) que el Internet tiene algo de seguridad, puesto que hay una especie de firma responsable, que respalda la publicación, y 2) que los señores tratan de ocultarlo, pero la verdad no son más hábiles que las damas en el manejo de Internet y para confirmarlo, le repetí la pregunta a mi amigo, "el niño sabe más Internet que tu", ya saben la respuesta NOHOOOO.
Lo cierto, es que los adultos creemos y repetimos a diario, que no es bueno que los jóvenes pasen tanto tiempo frente al computador, y entre las razones que aducimos, es que "el computador embrutece". Si esto fuera cierto, yo quisiera saber porqué los niños han desarrollado una lógica y son capaces de interpretar símbolos y contestar preguntas como la que le quedó "grande" a mi amigo el ingeniero. Y usted amigo lector, cuál es su perfil?
Son términos en español o inglés con diferentes usos o aplicaciones. Por ejemplo, todavía recuerdo, el día que nadie me supo explicar cuál es el contenido de una página web; qué cree usted amigo lector, qué entiende por contenido de una página web?
Perfecto, contenido de la web, al igual que el contenido de un sobre, puede ser texto, fotos, dibujos, ofertas comerciales, etc, mejor dicho lo que sea, porque en un sobre podemos guardar desde un gancho hasta un pedazo de carne. Y hablando de Internet, poco a poco le mostraremos que no es tan difícil; si prestamos atención a lo que nos enseñan y tratamos de memorizar (aunque sea tomando nota). No haga como muchos adultos, que por pena de preguntar o reconocer que no saben, prefieren decir que el Internet no les gusta; y yo me pregunto, cómo es posible que a una persona no le guste algo que no conoce.
Como este es un sitio de actualización, a continuación las fotos que hacían parte de la discusión de los ingenieros de esta anécdota. Pero aquí vamos a hablar en un lenguaje sencillo de la parte externa:
Represa Hidroeléctria Itaipú. Es una represa construida por Paraguay y Brasil, aprovechando el agua de los ríos Paraná e Iguazu. Es la represa más grande de los hemisferios sur y occidental. Es una de las siete maravillas del mundo moderno.
Para visitar la represa es preciso contratar el servicio de carros eléctricos, que se encuentran dentro de la represa. Estas fotos fueron tomadas con el carro en marcha. Hay sectores donde se puede descender a tomar fotos, como en este sector.
Escribo anécdotas con nombres propios, para facilitar la recordación y no confundir las ideas. Encontré escribiendo una actividad que además del goce que me produce recordar, me permite ejercitar la mente. Ensaye, es maravilloso recordar personajes de una época pasada. Ahora entiendo porque hay una máxima que dice "todo tiempo pasado siempre fue mejor".
Participe publicando sus fotos aquí y gane la alegría de recordar, recordar es vivir.
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